Una gran experiencia para algunos, un lata para otros. Pero sin embargo un oportunidad que a muchos les gustaría incursionar.
Si uno no repasa la materia probablemente no cumpliremos con las expectativas de los alumnos, y claramente nadie podrá explicar si no se maneja. Por eso, lo ideal es reconocer habilidades personales y luego aceptar un ayudantía.
Nicolás Nassar, estudiante de 5º año de Ingeniería Comercial en la Adolfo Ibáñez, analizó distintas variables antes de decidir ser ayudante: “Siempre me pareció interesante tomar ayudantías de ramos que eran importantes para la carrera, esto principalmente para reforzar la materia. También tomé en cuenta que en la Adolfo pagan bien, y la plata no me venía mal. Pero eso fue al principio, con el tiempo simplemente me gustaba ayudar a los alumnos, y además me hice buenos contactos con profesores muy importantes de la carrera”.
María Gabriela Alcázar, Ingeniera Civil Eléctrica de la Universidad de Chile también decidió ser ayudante tanto de plan común, como de su especialidad pero en una modalidad diferente: “En mi U hay dos tipos de ayudante: Los auxiliares, que hacen las clases, que es como un jefe y los que corrigen las pruebas pues son como de 100 personas, eso es lo que se usa”.
Ella debía lidiar con los reclamos de los alumnos y las súplicas por más nota, pero al igual que Nicolás estaba consciente de la utilidad que su esfuerzo tendría a largo plazo: “la ayudantía marca la diferencia en el currículum, influye quizás entre un egresado que no hizo nada y uno que sí hizo ayudantía. Además cuando llegas de la universidad a postular a una pega, no tienes nada para llenar el CV”.
La ley y el orden
Un detalle no menor, es “controlar” al curso. Pararse frente a muchas personas de edad similar e intentar enseñarles algo no es fácil. Está el ayudante pesado, el buena onda, el sumiso, el que nunca vas a ver, el que no responde los mails, el que te sopla en las pruebas, el que no sabe, el o la “jote”, entre otros; sin duda hay que saber mantener un equilibrio.
María Gabriela nunca supo de qué la calificaron. Sin embargo tiene el mejor recuerdo de sus alumnos en materia de obediencia: “A lo más alguna vez tuve que decirles que paren de hablar, pero en ingeniería eran súper ordenados, y como todos saben, bastante cuadraditos. Eso te hace la tarea mucho más fácil”.
Nicolás vio otra realidad, y por lo mismo cree que para evitar los desórdenes de los alumnos –que se dan principalmente durante evaluaciones-, lo óptimo es cambiarlos de puesto para que así no se copien. Por otro lado, la creación de una buena comunicación y trato con los alumnos es primordial, pues sólo así se gana el respeto.
Pero esta labor también tiene sus contras, y se las preguntamos a Nicolás:
¿Cuáles son los principales problemas de ser ayudante?
“El tema del tiempo es importante, de hecho por eso tuve que salirme ahora. El magíster me está exigiendo mucho tiempo, y simplemente ya no podía hacer las dos cosas. Hay que preparar las ayudantías, dar pruebas en ciertos horarios, y lo más complicado es revisar muchas pruebas y tenerlas para una cierta fecha. Si te topa con una semana de pruebas, hasta ahí llegaste”.
No obstante los contras a enfrentar, en general los beneficios que trae son mayores. Tal como afirma Nassar, es importante el contacto que se genera con los profesores, el cual sirve dentro y fuera de la universidad. También es bueno el complemento que representa para el currículum, ya que esto dice mucho de la persona en cuanto a sus habilidades blandas (por ejemplo con el tema de desenvolverse mejor ante personas). Por otro lado, repasar ciertas materias es siempre útil a largo plazo Y finalmente, considerando que en algunas universidades pagan muy bien, la plata siempre es bienvenida.
Solo hay que darse el ánimo y analizar si se tiene el tiempo… y claro, si no crees ser bueno en ningún ramo en especial, siempre está la ayudantía que no requiere mucho conocimiento (y que también trae beneficios), o simplemente puedes optar por convertirte en ese ayudante “fantasma” que los alumnos nunca conocen.
